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Acerca de un comentario de Marín Soria 20 agosto 2008

Posted by Víctor R. Velezmoro in barroco, Patrimonio, Reflexiones.
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El historiador del arte español Martín Sebastián Soria, en algún momento resaltó el que mientras la pintura en la Hispanoamérica virreinal, con el tiempo, maduró frutos propios, es decir, escuelas que manifiestaran los gustos que la sociedad virreinal tenía, la escultura estuvo – por el contrario – sometida a los modelos y estilos provenientes de la Metrópolis.

Esta cita, a mi parecer, es de una claridad meridiana. En efecto, qué difícil fue para el artista indígena asimilar un tipo de trabajo en el cual no tenía relación con lo antes hecho. Sabemos que el trabajo de cantería y de talla en piedra fue extendido por la América precolombina, especialmente en el región mesoaméricana; sin embargo, la talla sobre madera, la talla dulce, que supuso no un esfuerzo sobrehumano sino la delicadeza de un pincel-gubia que recorre un trozo de madera como si fuera un pedazo de tela o de papel, una mano firme y la prefiguración completa de la imagen que se quería sacar, debió ser difícil para muchos. No cabe duda que el genio creador de los indígenas ante la escultura debió vacilar, analizando sus capacidades y potencialidades, hasta logra adueñarse de técnica y de recursos del lenguaje, como Juan Tomás Tuyru Túpac, y su maravillosa Virgen de la Almudena (1686).

Juan Tomás Tuyru Túpac. Iglesia de la Almudena, Cusco. 1686. Madera tallada y policromada, 117 cms. alto.

Juan Tomás Tuyru Túpac. Iglesia de la Almudena, Cusco. 1686. Madera tallada y policromada, 117 cms. alto.

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