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¡Qué lástima! Y tiene audiencia… 26 Agosto 2008

Posted by Víctor R. Velezmoro in Uncategorized.
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En esta oportunidad voy a romper la norma autoimpuesta de sólo escribir lo que esta Galera trae como carga (temas de cultura, arte, patrimonio, historia, identidad) para introducir una nota distinta, entre la denuncia, el asombro y la decepción.

Tengo de compañero a un lingüística español, Carlos Arrizabalaga, quien tiene más de 10 años en esta bendita tierra piurana, trabajando en la formación de jóvenes e investigación sobre el español peruano-piurano. 

Una de sus últimas intervenciones, en el diario Correo del martes 12 de agosto, nos ilustró sobre un error muy común entre nosotros: utilizar, al momento de hacer una lista, los fraccionarios (quinceavo) en lugar de ordinales (decimoquinto). Hasta aquí todo bien, sólo que utilizó como ejemplo un error (“quinceada” decimos en Perú) cometido por uno de los más agresivos (y extraños) columnistas de ese mismo diario (el título de la columna de Arrizabalaga fue: El columnista se quinceó).

Lo que no podríamos suponer fue la aparatosa y cobarde respuesta de una persona que cree tener toda la verdad: el sábado 23 de agosto, bajo el título “Óvalo, plazuela, plazoleta o plaza”, el señor Alfonso Barrueto Torres, dijo acerca de ese error señalado por mi amigo el lingüísta lo siguiente (y subrayo lo llamativo y penoso para esta Galera):

“Ahora prefiero fastidiar a un amigo y no a las autoridades, debido a que, a un chapetón suelto en Piura le parece mal mis opiniones sobre algunas autoridades y se refiere a ellas como “feroces diatribas” – le recuerdo, a este visitador Areche redivivo, que la época colonial es historia y acá ya no hay conquistadores, con las justas algunas curas, toreros, cantantes, turistas y uno que otro trabajador español. Todos como huéspedes. Él puede no estar de acuerdo, pero no me puede prohibir opinar. Que siga como Lingüísta, allí podría tener éxito.”

¡QUÉ VERGÜENZA! ¡CUÁNTA SIMPLEZA!

Y todo por un comentario acerca de un error que puede cometer, como todos….

Lo más triste es que este personaje escribe en el mismo diario que mi estimado amigo lingüísta. Y peor aún, escribe en una columna propia en la cual se despacha contra cualquiera… y sobre cualquier cosa.

Tiene derecho acaso, este Barrueto Torres, de injuriar a un señor que ya tiene nacionalidad peruana (por lo tanto no es huésped) y tiene familia piurana (por lo tanto tiene residencia fija en nuestra ciudad y votar, como usted o como yo).

¿Le ha prohibido opiniar? O, por el contrario, ha indicado la obligación que tiene toda persona que escribe  - incluso los criticones como usted Sr. Barrueto Torres -, de ser autocríticos con todo lo que vayan a publicar.

¿Por qué tidarlo de Areche y aludir a la época colonial y a los conquistadores?  Sólo porque es español.

Este es un de esos temas que, lamentablemente, mantienen sumidos en una actitud negativa – como país y como sociedad. En muchas ocasiones he escuchado – incluso de jóvenes, aunque más a gente mayor – ese revanchismo inexplicable que trae el pasado al presente, como si siguiéramos viviendo una época colonial eterna; utilizada casi siempre para explicar nuestra incapacidad pra desarrollar una sociedad mejor, como si fuera un pesado lastre atado a los pies de nuestro Perú: esquilmados desde entonces, subyugados por los látigos de los “chapetones” nuestra sociedad ha quedado sumida en el fracaso, en la desmotivación, en la inoperancia, en la incapacidad para pensar.

¡Qué lástima! que este señor Barrueto haya utilizado, como única defensa, tal ataque, desde todo punto de vista vergonzoso. Con ello demuestra que, para él (como para muchos) la colonia sigue viva, latente, como una “herida” que no sana.

Acerca de un comentario de Marín Soria 20 Agosto 2008

Posted by Víctor R. Velezmoro in Patrimonio, Reflexiones, barroco.
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El historiador del arte español Martín Sebastián Soria, en algún momento resaltó el que mientras la pintura en la Hispanoamérica virreinal, con el tiempo, maduró frutos propios, es decir, escuelas que manifiestaran los gustos que la sociedad virreinal tenía, la escultura estuvo – por el contrario – sometida a los modelos y estilos provenientes de la Metrópolis.

Esta cita, a mi parecer, es de una claridad meridiana. En efecto, qué difícil fue para el artista indígena asimilar un tipo de trabajo en el cual no tenía relación con lo antes hecho. Sabemos que el trabajo de cantería y de talla en piedra fue extendido por la América precolombina, especialmente en el región mesoaméricana; sin embargo, la talla sobre madera, la talla dulce, que supuso no un esfuerzo sobrehumano sino la delicadeza de un pincel-gubia que recorre un trozo de madera como si fuera un pedazo de tela o de papel, una mano firme y la prefiguración completa de la imagen que se quería sacar, debió ser difícil para muchos. No cabe duda que el genio creador de los indígenas ante la escultura debió vacilar, analizando sus capacidades y potencialidades, hasta logra adueñarse de técnica y de recursos del lenguaje, como Juan Tomás Tuyru Túpac, y su maravillosa Virgen de la Almudena (1686).

Juan Tomás Tuyru Túpac. Iglesia de la Almudena, Cusco. 1686. Madera tallada y policromada, 117 cms. alto.

Juan Tomás Tuyru Túpac. Iglesia de la Almudena, Cusco. 1686. Madera tallada y policromada, 117 cms. alto.

El Patrimonio Cultural, ¿de quién es? 1 Agosto 2008

Posted by Víctor R. Velezmoro in Patrimonio, Reflexiones, barroco.
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Titular sugerente para una cuestión, un pendiente que sigue siendo la piedra (cada vez más grande) de nuestros humildes zapatos.

Hoy en día, mientras que el Perú entero vive con expectativa la nominación del Lago Titicaca como uno de los patrimonios naturales más bellos, pasada ya las emociones de la elección de Macchu Picchu como una de las 7 Maravillas del “Mundo Moderno” (¿?), buena parte del Perú (vamos a llamarlo el pueblo en general) sigue sin entender qué es eso del patrimonio cultural.

El pasado domingo 27 de julio leí en el suplemento del Diario La República una sugerente entrevista a un joven historiador quien postulaba la premisa, muy sincera pero también muy errada, de que asumismo Macchu Picchu como una de las grandes construcciones de los “peruanos”.

Claro, la clase de Historia inicial nos enseña que la Patria la recibimos de los Incas y antecesores; la Nación la fundamos en el mestizaje con los españoles, negros, chinos y japoneses; y el Estado cuando se proclamó la Independencia y se aseguró en la Pampa de la Quinua.

Todo es verdad. Pero… No es cierto que el patrimonio es lo que nos viene de los que vivieron antes que nosotros, lo que recibimos como herencia de nuestros “padres” (término utilizado aquí en el sentido general de mayores o antecesores). Entonces, ¿podríamos hablar de un discurso doble o, peor aún, de unos discursos contradictorios?

En efecto, este problema - desde mi opinión – nos lleva a otro más grande: a quién entonces le pertenece el patrimonio que atesoramos como nuestro, si alfin y al cabo, no es obra estrictamente de peruanos y por lo tanto, no nos pertenece, ¿al Estado? ¿A los gobiernos locales? (¡Líbrenos Dios!)

Hace poco, la dueña de una casona antigua de Piura terminó por derruirla para utilizarla, posiblemente, primero como cochera, luego como terreno en venta y finalmente para construir un edfiicio comercial, una casa o lo que sería peor, unas galerias de venta de ropa u otros artículos. ¿Ha levantado polvarea este hecho? A decir verdad, salvo unos titulares, una opinión y un artículo engañoso, la respuesta es no. Un No rotundo.

El problema del patrimonio que tenemos en nuestra ciudad, y posiblemente en muchas otras ciudades y pueblos pequeños del Perú (las grandes capitales no se deben incluir porque ahí la situación es distinta, hay más cosas ”bonitas” que han sido vistas desde siempre como ”patrimonio”), radica en que los monumentos, las pinturas y esculturas o simplemente la traza urbana no son distinguidas, reconocidas o si quiera identificadas como objetos de valor artístico y patrimonial, al menos no mucho más que las propias tradiciones vivas, las danzas, la gastronomía, el lenguaje o las vestimentas. En estos pueblos, medianos y pequeños, lo que abunda son formas de patrimonio inmaterial mucho más ricas que las monumentales-materiales, y por ello, son las preferidas y las que sí se mantienen vivas y generosamente ornamentadas y cuidadas a través de las generaciones.

Qué lástima que hasta ahora no podamos (no hagamos) nada para mejorar esa situación.

El arte de mi ciudad (2) 1 Agosto 2008

Posted by Víctor R. Velezmoro in Reflexiones.
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Aprovecho estas lineas de comienzo, para retomar un tópico que me interesa muchísimo y que ha sido motivo para varios trabajos míos sobre el tema: la situación de las artes plásticas en mi ciudad, Piura.

Un aspecto vital en este sentido es, con certeza, el propio planteamiento de los artístas respecto a su obra: ¿es arte de Piura o arte piurano? El problema que parece ser de palabras es, lamentablemente, de significados.

Cuando establecemos que nuestra pintura y arte son piuranos, acaso no estamos plantando las banderas de los regionalismos, como si la tierra piurana fuera diferente a lo que es el resto del Perú y por lo tanto, tiene unas formas muy propias, muy suyas… en el fondo, un estilo propio, único y diferenciador. O es, por el contrario, una muestra más del localismo – que ya nos indicara Mirko Lauer para la situación del arte en Lima antes de la llegada (y después, desde mi punto de vista) de los Indigenistas – al que tendemos las sociedades que han sido abatidas por la cotidianeidad, la rutina, la escasez de ideas y la ausencia de ideales.

El arte piurano no es distinto al trujillano, al cuzqueño o al tacneño. Es un arte, si se quiere diferenciar, enmarcado dentro de una tradición costumbrista local, donde las tradiciones propias de nuestra gente se manifiestan de una manera única que se enriquece con el maravilloso paisaje del bosque de algarrobos y arenales que configuran esta tierra.

Pero el arte, en sí, como técnica y como práctica no es diferente en sus principios, ni tampoco en su significado.´

Por ello, pienso que deberíamos detenernos más en comprender aquellas particulares o singularidades que los pintores y artistas en general de nuestra ciudad logran realizar con pinceles y otros materiales, y la manera como reflejan no sólo las tradiciones locales sino, principalmente, las expectativas, frustraciones y anhelos de nuestra sociedad.

José Mejia Atoche. Meustra 139 Asociación Felipe Cossio del Pomar

José Mejía Atoche. Meustra 139 Asociación Felipe Cossio del Pomar